Hola incrédulos
Este fin de semana quedé con un grupo de amigos para ir a cenar a cualquier sitio.
¿Qué digo cualquier sitio?… amiguetes, estamos hablando de uno de esos típicos sitios de:
[Grito chanante]¡¡ Platazo con chorrito de sirope !![/Grito chanante]
Mis colegas son buena gente, la mayoría “de pueblo”, pero buena gente
El caso es que, para tener un espiritu feliz, inmaculado y libre, antes de acostarte, lo mejor es cenar en uno de estos sitios. Te sientes importante, limpio, superior, en éxtasis. Formas parte de la élite.
Una élite contenta de encontrarse con una carta de platos diseñada por uno o dos gafapasta, libres pensadores, transgresores, cabezas inconformistas. Una delicia de carta, es tan preciosa que empiezas a leer realmente su interior después de oir comentarios del diseño durante no menos de 5 minutos… “Fíjate en este detaaaaallee!”
En el interior de sus 2 páginas, tan largas y estrechas como una barra de pan, encuentras la confirmación de lo que has pensado al entrar y ver los uniformes negros de los 3 camareros.
Lo sientes, verdad?. Se apodera de ti el Dios Minimalismo. Tan implacable como el precio de al lado de cada plato.
Sudor frío. La imagen de todas y cada una de las galletas de la despensa de tu casa, despollándose de ti y diciendo: que inútil!, no has merendado!. La amarilla y reluciente M de McDonalds asalta tus pensamientos, mientras mantienes conversación en la mesa.
Efectivamente, lo vas a pasar mal.
Llega la hora de pedir, y como “el mal ya está hecho”, me dejo llevar. Cierro la carta y digo, “Yo como de todo. Vosotros pedid
”
Y aqui viene cuando se te caen los cojones al suelo sonando como bolas de billar que caen en parqué. Ves como, tus seis amigos piden un rosario de no más de 7 platazos (6, porque el postre aún no se pide).
Platos como paellas de grandes, generalmente cuadrados, y con un chorrito de sirope rojo (o azul, o verde, o amarillo), pero con sólo unos pedacitos de contenido. Puede ser verdura, carne, paté, pan, pescado, patatitas, vergüenza… no, perdón, vergüenza, no tenían.
Observemos a los amiguetes de la mesa. Éstos son los amigos que en otros tiempos, otro momento, otra situación, los has visto comer y beber exagerádamente, casi insultante, como sacados de una escena de postguerra. Hoy no has salido con esos amigos, aunque tengan la misma cara y se llamen igual. Hoy te van ha decir, “Pues la cena ha sido cojonuda. Yo me he quedado BIEN”.
En fin… 22 leuros y da gracias. He visto cosas peores, como que por el doble de precio pedir hincharte a pan. Pero si te paras a pensar en lo que has comido, la patada en los cojones es con carrerilla.
El señor de aquí abajo por lo menos puede “justificar” unos precios diciendo que tiene un personal que trabaja/estudia/innova o caga flores para él.
He dicho !
